El 50% de los reptiles chilenos está en peligro

La Tercera, 26 de noviembre de 2012. En Chile no sólo viven lagartijas. También iguanas, lagartos y tortugas. Muchas de estas especies están amenazadas y con escasas iniciativas para conservarlas o rehabilitarlas.

El gruñidor de Valeria (Pristidactylus valeriae) es una de las especies de lagartos endémicos de Chile. Habita los cerros de Altos de Cantillana, en la Región Metropolitana. Hoy se encuentra al borde de la extinción.

El animal es parte del 50% de los reptiles endémicos de Chile continental que se encuentran amenazados. “Si desaparecen del país, desaparecen del mundo”, advierte Mauricio Fabry, director del Zoológico Nacional.

Aunque sólo 31 de las especies de las 131 que habitan Chile -de las cuales la mitad son endémicas- han sido catalogadas por la Lista Roja de la Unión para la Conservación de la Naturaleza (IUCN en inglés), Marcela Vidal, investigadora de la U. del Bio-Bío y coordinadora de la Red Chilena de Herpetología (que reúne a científicos que estudian anfibios y reptiles del país), estima que la cifra de especies con algún grado de vulnerabilidad supera el 50%.

Entre las razones, explica, está que muchas especies estuvieron sometidas a extracción como mascotas (como la iguana chilena, que aún se vende en ferias libres), lo que disminuyó drásticamente el número de individuos en ambientes naturales, además de la destrucción de sus hábitats, como la lagartija de James (Liolaemus jamesi), que habita el salar de Atacama. “Su hábitat está siendo invadido por la maquinaria pesada usada para la extracción de litio”, dice.

Fabry apoya la tesis. Asegura que la modificación o pérdida del ecosistema, por deforestación, cambio de uso de suelo, contaminación o ingreso de animales exóticos, entre otros, ha puesto a muchas de estas especies en peligro.

El Zoológico Nacional encabeza uno de los escasos esfuerzos por mejorar este escenario, liderando un proyecto para reproducir el gruñidor de Valeria, una de las pocas iniciativas centrada en reptiles chilenos, de los que hay poca investigación y ningún centro especializado en su rehabilitación y reinserción. “Pero ninguno de estos proyectos será viable si no existe una restauración del medioambiente. Se requiere reparar lo que hemos desequilibrado”, sostiene Fabry.

El Centro de Salud Animal de la U. San Sebastián, en Concepción, es una de las instituciones que realizan esfuerzos de recuperación. Creado para recibir todo tipo de especies endémicas, ya ha rehabilitado y devuelto a su hábitat lagartos, culebras y tortugas marinas. Miguel Angel Mansilla, médico veterinario y director del centro, cuenta que al año reciben unas cinco tortugas marinas, que “llegan muy enfermas, desnutridas, con neumonía o cuerpos extraños, como anzuelos”. Tras ser rehabilitadas, son devueltas al mar en el norte, con el apoyo de la U. de Antofagasta y del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), que debe hacerse parte de la reintroducción.

El mismo servicio es el que debe autorizar la apertura de nuevos centros de recuperación, como el que proyecta la veterinaria Francisca Noton en Buin y que hoy tiene 12 tortugas patagónicas (Geochelone chilensis) que, si bien son argentinas, están en la categoría de vulnerable. La idea es que el centro se convierta en el primero dedicado a la rehabilitación exclusiva de reptiles chilenos. “Un centro de rehabilitación es útil para realizar investigación, sobre todo de reptiles silvestres endémicos, muchos de los cuales no están descritos”, dice Noton.

Alejandro Donoso, jefe de protección de recursos naturales del SAG, reconoce que se requieren de estos centros. “Siempre los apoyaremos en la medida que cumplan los estándares”, dice.

El problema, según Sebastián Celis, director médico del Hospital Veterinario del Buin Zoo, es que no todos los centros chilenos cumplen con las normas básicas. “Se llenan de animales, mezclan enfermos con sanos, lo que hace que se pierda un poco el objetivo. Se necesitan muchos recursos para, además, hacer investigación. La idea es que estos centros entreguen datos sobre la fauna silvestre que, en el caso de los reptiles, es muy poca”, sostiene.

Marcela Vidal es una de las expertas que han hecho estudios, por ejemplo, sobre la evolución de lagartijas en Chiloé, luego de la última glaciación.

Una de sus últimas investigaciones midió la capacidad termorregulatoria de las lagartijas, para determinar si soportarán los cambios de temperatura que proyecta el cambio climático. “Aunque la mayoría de las especies del país se adaptarían a este cambio, a algunas especies de montaña les será más complicado”, advierte.

Estas especies son termoconformistas (dependen más de la temperatura) y podrían sobrecalentarse con las temperaturas futuras. Sin embargo, su estudio halló que las lagartijas termorreguladoras (que se independizan de la temperatura ambiental durante el día) “son más plásticas para soportar el cambio climático”. Aun así, dice que para todas el escenario futuro será difícil.

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