cerrosanta inesEl Mercurio, Suplmento Domingo, 31 de marzo de 2013. Chile tiene hoy 15 millones de hectáreas de superficie terrestre con algún tipo de protección ambiental, lo que equivale aproximadamente al 20 por ciento del territorio. Una cifra alta, pero desequilibrada, ya que se concentra en los extremos norte y sur, y deja a los ecosistemas de la Zona Central -considerados hitos de relevancia mundial por su biodiversidad- escasamente cuidados. Les pedimos a investigadores, científicos, premios nacionales y otros expertos en la naturaleza chilena que identificaran distintos lugares que debieran tener pronto algún grado de protección, antes de que sea tarde. Éstos fueron los elegidos.

3- Cerro Santa Inés (Coquimbo-Valparaíso)

REFUGIO GENÉTICO MILENARIO

Este lugar -que comprende el Cerro Santa Inés y la costa de Pichidangui- está en la lista de Sitios Prioritarios para la Conservación del Ministerio del Medio Ambiente, y tiene varias razones para justificar su inclusión: aquí crecen 199 especies de flora nativa, de las cuales 125 son endémicas y 39 están en peligro de extinción. Pero lo que más llama la atención es el bosque relicto de olivillos que hay en el cerro.

“Santa Inés es un paleobosque cuyo origen se remonta a la parte alta del período terciario (más de 50 millones de años atrás), cuando todo el continente sudamericano tenía clima tropical, hasta que el alzamiento andino y la aparición de la corriente de Humboldt a fines de Mioceno (10 millones de años atrás) dieron origen al desierto chileno-peruano y a la diagional árida argentina, quedando este bosque y el de Fray Jorge refugiados en cerros costeros altos, donde el proceso de inversión térmica produce neblinas permanentes que le dan humedad”, explica Patricio Novoa, jefe del departamento de Horticultura del Jardín Botánico Nacional.

En 2001, el profesor Francisco Squeo, en su Libro Rojo de la Conservación de Flora Nativa de la Región de Coquimbo, puso la alerta sobre la necesidad de dar algún tipo de protección ambiental a este lugar amenazado por el rápido desarrollo de parcelas de agrado, que amenaza a los olivillos (Aextoxicon punctatum) y también al bosquecillo de palo colorado (Pouteria splendens) que hay en la costa.

La investigadora Olga Barbosa, profesora de la Universidad Austral y directora del programa Vino, Cambio Climático y Biodiversidad, del Instituto de Ecología y Biodiversidad, estuvo monitoreando el cerro ocho años y vio en terreno las amenazas que sufre el lugar: libre tránsito público, varias antenas de celulares y basura, además de la creciente expansión inmobiliaria que vive la Región de Coquimbo. “Si aquí se extinguen los olivillos se extinguirá una familia entera. Ellos son testigos del pasado. Es una riqueza genética que merece ser conservada”, dice.

Ubicación: Frente al balneario de Pichidangui, en el límite entre la Cuarta y la Quinta Región.

Extensión: 2.547 hectáreas aproximadamente.

Otras especies: pájaros comesebos y peuquitos.
5- Los Molles (RegiÓn de Valparaíso)

EL PARQUE MÁS URGENTE

Los Molles es una zona que podría ayudar a saldar la deuda de conservación que tiene Chile con su patrimonio marino en el territorio continental (en Chile insular existen 15 millones de hectáreas protegidas en el Parque Marino Motu Motiro Hiva, ubicado en torno a las islas Sala y Gómez). Y, además, es un lugar que la mayoría de los expertos coincide en que debe tener protección urgente.

Actualmente el país tiene solo un 4,1 por ciento de espacio marítimo protegido, dice Carlos Gaymer, biólogo marino a cargo del estudio GAP 2009, donde se analizaba el déficit en este tema. El estudio propone lugares para ser conservados y mejorar las cifras. “A nivel marino hay una protección insignificante; con la inclusión del Parque Marino Motu Motiro Hiva la protección subió de un 0,03 a un 4,1 por ciento, pero no es representativo de todos los ecosistemas”. Por eso, dice, “un lugar como Los Molles debiera ser protegido por la diversidad de especies, por ser zona de transición de la corriente de Humboldt y por sus grandes bosques de macroalgas”.

Sus aguas turquesa son punto obligado del buceo nacional, con una biodiversidad que permite ver fauna y flora marina tanto de la zona norte como del sur. Pero también debería existir protección para sus tierras, que concentran un alto endemismo. “Presenta varias especies de plantas y animales que solo se encuentran en esta zona, como el lúcumo, árbol endémico costero de Chile centro-norte, muy escaso”, dice Rodrigo Vásquez.

Esta área vive hoy con la permanente amenaza del desarrollo inmobiliario en las zonas vecinas. Para los profesores Carolina Villagrán, de la Universidad de Chile, y Juan Armesto, de la Universidad Católica, “en Los Molles crecen plantas de muy estrecho rango de distribución en la costa de Chile, como la mariposa de Los Molles (Alstroemeria pelegrina), especie que se considera como vulnerable, o el lúcumo (Pouteria splendens), un gran valor biogeográfico por ser el único representante en Chile de una familia exclusivamente tropical, las sapotáceas, un testimonio vivo de las antiguas vinculaciones de nuestros bosques con los bosques tropicales cálidos y lluviosos, antes de la formación de la cordillera de los Andes y el desierto de Atacama”.
DÓNDE: Borde costero de La Ligua, provincia de Petorca.

Extensión: 2.986 hectáreas aprox.

OTRAS ESPECIES: olivillo, hierba del lagarto, petrillo.
Panel de expertos

Para este reportaje fueron consultados: Aníbal Pauchard (Facultad de Cs. Forestales U. de Concepción y miembro Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB); Carlos Gaymer (Biología Marina UC del Norte y miembro IEB); Antonio Lara (Facultad de Cs. Naturales y Recursos Forestales U, Austral); Francisco Squeo (Facultad de Biología U. de La Serena y miembro del IEB); Miguel Escalona (Ingeniería en Recursos Naturales U. Católica de Temuco); Cristián Bonacic (Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal U. Católica); Cristián Echeverría (Facultad Cs. Forestales U. de Concepción); Claudio Latorre (Depto. Ecología UC); Olga Barbosa (Instituto Cs. Ambientales y Evolutivas U. Austral y miembro del IEB); Juan Armesto (Depto. de Ecología de la UC y director del IEB); Cecilia Smith (Facultad de Ciencias U. de Chile, Depto. de Ecología UC y miembro del IEB); Fabián Jaksic (Depto. de Ecología UC); Agustín Iriarte (gerente Flora y Fauna Chile, estudios ambientales); Juan Carlos Torres-Mura (biólogo senior); Mary Kalin (Premio Nacional de Cs. Naturales 2010, profesora Facultad de Ciencias U. de Chile, directora del IEB); Bernabé Santelices (Premio Nacional de Ciencias Naturales 2012, Depto. de Ecología UC); Mariela Núñez (Depto. de Ecología UC, miembro de IEB); Lohengrin Cavieres (Facultad de Cs. Naturales y Oceanográficas U. de Concepción, miembro IEB); José Yáñez (Museo de Historia Natural); Rodrigo Vásquez (Facultad de Ciencias U. de Chile, miembro IEB); Alejandro Simeone (Facultad de Ciencias U. Andrés Bello); Patricio Novoa (Jardín Botánico Nacional); Leonel Sierralta (División Recursos Naturales Ministerio del Medio Ambiente); Maryann Ramírez (gerenta de Conservación The Nature Conservancy); Gino Cassasa (glaciólogo); Cedomir Marangunic (geólogo); Sergio González (Explora Conicyt Coquimbo); Fernando Luchsinger (periodista, buzo y documentalista); Francisco Negroni (fotógrafo); Patricio Pliscoff (geógrafo) y Eduardo Sorensen (buzo y fotógrafo).
8- Cerro Cayumanqui ( Región del Bío Bío)

EL BOSQUE ESCONDIDO

En el año 1996, el hoy curador y jefe científico del Museo de Historia Natural José Yañez puso en su Libro Rojo de los Sitios Prioritarios para la Conservación de la Biodiversidad al Cerro Cayumanqui entre los 21 lugares de Chile que necesitaban una intervención urgente. Hoy, 17 años después, además de estar incluido en una nueva lista (la de áreas prioritarias para la conservación del Ministerio del Medio Ambiente) poco más ha pasado en torno a este cerro. El gran cambio es que luego del feroz incendio que se produjo el año pasado en sus alrededores, la Seremi de Medio Ambiente de la Región del Biobío anunció un plan de restablecimiento del ecosistema de esta zona.

En la base del cerro Cayumanqui predomina una plantación de pinos, propiedad de una empresa maderera. Sin embargo, en la cima de sus 740 metros aún existe un bosque nativo sorprendente, tanto por su variedad como por su excelente estado de conservación: aquí se pueden encontrar robles centenarios, olivillos, avellanos, mallines, canelos, copihues y quillayes, entre otros. En total, 232 especies, de las cuales 66 son endémicas. La que está en mayor vulnerabilidad es el hualo o roble maulino, que ha ido perdiendo terreno ante el avance de árboles no nativos. “Las plantaciones de pinos son un peligro constante de incendios forestales”, dice el investigador José Yáñez.

DÓNDE: Kilómetro 6 del camino entre Quillón y Ñipas.

Extensión: 2.399 hectáreas aproximadamente.

Otras especies: bufo arunco (anfibio endémico), la paloma araucana, y el quique o hurón menor.
9- Lago Budi (Región de La Araucanía)

EL LAGO DE LOS CISNES

El gran aporte de este lugar a la biodiversidad es la variedad de avifauna que vive en el ecosistema de humedales ribereños ubicado junto al lago Budi. Pero el problema está en la cantidad de asentamientos humanos que lo rodean. En total, en la zona viven unas 13.275 personas, cuya actividad ha provocado gran inestabilidad y erosión. “Si bien hoy es un Área de Influencia (ADI), constituye un espacio de alta fragilidad ambiental y de gran significado para el pueblo mapuche. A futuro debiera tener protección en términos de Área Silvestre Protegida”, dice Miguel Escalona, académico de la Universidad Católica del Norte. En esta zona se ha observado la presencia de a lo menos 132 especies de aves, que representan más del 30 por ciento de las registradas a nivel nacional. Y entre ellas, hay varias con problemas de conservación. Es el caso de la fardela blanca (Puffinus creatopus), el guanay (Phalacrocorax boungainvillii), el cuervo del pantano (Plegadis chihi), la becacina pintada (Nycticryphes semicollaris) y del cisne coscoroba (Coscoroba coscoroba). Además, en este ecosistema también residen especies catalogadas como “vulnerables”, incluyendo una tan emblemática como el cisne de cuello negro (Cygnus melancoryphus), único lugar donde tienen residencia reproductiva en la Novena Región.

DÓNDE: Entre las comunas de Saavedra y Teodoro Schmidt, en el borde costero de la Novena Región.

Extensión: 7.938 hectáreas aprox.

Otras especies: el pez endémico conocido como corvina rubia (Micropogonias furnieri), cuervos de pantano, garzas blancas y huaiquil.
En la mira

Estos lugares también fueron nombrados por los expertos como sitios que debieran tener algún tipo de conservación, aunque generaron menos consenso:

Región de Tarapacá: precordillera de Tarapacá. Región de Atacama: precordillera de Atacama; Carrizal Bajo. Región de Coquimbo: bosque de Talinay. Región de Valparaíso: Parque Nacional Juan Fernández (se han extinguido varias especies endémicas); Túnel de Las Palmas; Cuesta El Melón; humedal de Mantagua. Región de O’Higgins: Shangrila, Cordillera de San Fernando; Palmar de La Candelaria (compartido con la Región del Maule). Región del Maule: Hornillos (altura río Ancoa); Tregualemu, Ramadillas y río Reloca; ampliación Reserva Los Ruiles. Región del Biobío: nevados de Chillán; quebrada de Caramávida; cordillera de Nahuelbuta. Región de La Araucanía: humedales de Toltén-Queule; villa Las Araucarias; cerro Adencul.

Región de Los Ríos: cordillera Pelada; cordillera Mahuidanche (compartida con la Región de Los Lagos).

Región de Magallanes: bahía Lomas.

Región Metropolitana: quebrada de La Plata.
1- Paposo (Región de Antofagasta)

UNA ISLA EN EL DESIERTO

Los ambientes híper áridos que rodean a la zona de Paposo no pueden hacer nada frente a la camanchaca, que explica que aquí se extienda un área privilegiada para la vegetación desértica costera. Es como una isla de vegetación, con 40 por ciento de endemismo, o especies que no crecen en otro lugar más que en esta tierra. El más alto de la Región de Antofagasta.

Este lugar habría sido el último sitio habitado por los changos, y hoy es símbolo de una exclusiva fauna y flora donde destacan 345 especies de plantas vasculares (o que tienen flores). Ya en 1996 Paposo figuraba como zona de Prioridad 1 en el Libro Rojo de los Sitios Prioritarios para la Conservación de la Biodiversidad Biológica de Chile (de los investigadores José Yáñez, Mélica Muñoz y Hermán Núñez, y editado por la Conaf). Es decir, un lugar cuya protección era urgente. Y sigue siéndolo. Para el biólogo Juan Carlos Torres-Mura, “Paposo tiene muchas especies endémicas que están amenazadas. Las cabras se comen a las plantas; hay desarrollo industrial incompatible con la conservación, y el cambio climático lo hace cada vez más seco”, dice.

Este sitio prioritario tiene varias quebradas junto al borde costero donde se encuentra la mayor diversidad de flora, con gran cantidad de cactáceas y, también, de especies en peligro de extinción como el Michay de Paposo (Berberis litoralis) y la Dalea (Dalea azurea).

Dónde: Entre la comuna de Antofagasta y el Parque Pan de Azúcar (Tercera Región).

EXTENSIÓN: 41.660 hectáreas aproximadamente.

Otras especies: sapo de Atacama y halcón peregrino americano.
2- Punta Teatinos/Costa Norte La Serena (Región de Coquimbo)

LA AMENAZA DEL DESIERTO FLORIDO

Coquimbo tiene la mayor cantidad de plantas vasculares en el país; sin embargo, es la Región que tiene la menor superficie de áreas protegidas: apenas un 0,37 por ciento de su territorio total. Además, todas las zonas con méritos para recibir algún tipo de protección son de propiedad privada. Una de ellas (incluida en la lista de Sitios Prioritarios para la Conservación del Ministerio del Medio Ambiente) es el sector costero al norte de La Serena, donde está Punta Teatinos.

Para Francisco Squeo, uno de los autores del Libro Rojo de la Conservación de la Flora en la Región de Coquimbo (2001) y profesor de la Universidad de La Serena, aquí la situación es urgente: el sector se está subdividiendo rápidamente en “parcelas ecológicas” que pueden poner en riesgo la enorme biodiversidad y endemismo que tiene esta zona (252 especies nativas, 21 endémicas de Coquimbo y 37 amenazadas de extinción), afectando por ejemplo al lucumillo (Myrcianthes coquimbensis), un arbusto que se encuentra en peligro de desaparecer. “El lucumillo vive sólo en la zona con influencia de neblina, en lugares rocosos cercanos a la costa. Produce unos frutos carnosos rojos del que se alimentan roedores nativos, que a su vez cavan hoyos en la tierra que permiten tapar las semillas que hacen germinar las plantas geófitas, responsables del lindo espectáculo del Desierto Florido. Si se extingue este arbusto, se corta la cadena”, dice el investigador.

DÓNDE: Norte de La Serena, camino costero entre Punta Teatinos y Cuesta Buenos Aires.

Extensión: 12.509 hectáreas aproximadamente.

Otras especies: llaca nortina y colcoy o sapito de cuatro ojos.
7- Humedal Ciénaga del Name (Región del Maule)

PARAÍSO MIGRATORIO

Hasta este humedal de la Séptima Región cada año llegan a nidificar 70 especies distintas de aves migratorias, incluyendo entre ellas a cisnes de cuello negro, patos, coipos, gaviotas, garzas y taguas. Muchas de estas aves están en peligro de extinción o al menos en la categoría de vulnerables. “Una cifra muy alta, pensando en que éste es un lugar de paso”, dice el doctor Antonio Lara, profesor de la Facultad de Ciencias Naturales y Recursos Forestales de la Universidad Austral. Sin embargo, este lugar está ahora rodeado de bosques madereros, de plantaciones agrícolas y de zonas de alimentación de ganado.

En los últimos 15 años, las iniciativas de protección en la zona (que es territorio fiscal) han sido exclusivamente impulsadas por privados, quienes se han comprometido a realizar sus labores respetando el entorno del humedal, según dice la investigadora Mariela Núñez-Ávila, miembro del directorio de Así Conserva Chile, asociación gremial que reúne a distintas iniciativas privadas de conservación (especialmente presentes en la zona central, donde casi no hay territorios fiscales). Sin embargo, para el especialista de la Universidad Austral, la presión de uso -por el agua y las tierras- es fuerte y dada la importancia ecológica del lugar, se hace necesaria una intervención mayor. “Aquí se da el caso de una isla de territorio natural en un entorno privado. Entonces, sería necesario que el Estado interviniera para unificar el territorio para la conservación; no se saca nada con cuidar un pedazo de terreno si el ecosistema ocupa también sus alrededores”, dice el doctor Lara, quien sostiene que las Ciénagas del Name son un buen ejemplo de cómo se debe hacer conservación también en paisajes fuertemente intervenidos por la mano del hombre. “Aquí por cierto no sólo se requieren acciones de conservación, sino también de restauración, reconvirtiendo las plantaciones de pino radiata en bosque nativo”. Mientras algo de eso ocurre, las Ciénagas del Name, por ahora, sólo cuentan con el estatus de “área libre de caza”.

DÓNDE: 30 kilómetros al noreste de la Provincia de Cauquenes.

Extensión: 2.191 hectáreas aprox.

Otras especies: La flora incluye árboles de hualo, espino, boldo y patagua. En cuanto a fauna, hay bandurrias, culebras de cola larga y corta, y sapitos de cuatro ojos.
Río Llico y sus alrededores (Región de los Lagos)

EL RÍO EJEMPLAR

La mayoría de los ríos que nacen en la cordillera de la Costa de la Décima Región tiene una enorme diversidad, con peces nativos además de flora y fauna en estado casi prístino a su alrededor, dice el profesor Juan Armesto, investigador del departamento de Ecología de la Universidad Católica y director del Instituto de Ecología y Biodiversidad. Dentro de este panorama, el río Llico es un buen exponente: un afluente rodeado de bosque de alerces y con aguas donde crece una gran variedad de especies nativas macroinvertebradas y peces como los puyes y bagres, según dice el profesor Antonio Lara, de la Universidad Austral: “Llico es uno de los ríos en mejor estado de conservación en la zona sur, y por eso biogeográficamente es tan importante”.

Además de su aporte en cuanto a belleza escénica, y a pesar de su ubicación relativamente alejada de centros urbanos, Llico es una zona que lidia con la sobreexplotación de recursos marinos, donde la casi extinción de moluscos como el loco es la principal señal de alarma sobre el estado de conservación del área. Para Patricio Pliscoff, geógrafo y magíster en Ecosistemas Terrestres, el río Llico representa además un objetivo importante a proteger, por la amenaza que enfrenta el bosque de alerces. El investigador recuerda cómo en monitoreos hechos en la zona durante el año 2000 se evidenció la explotación de leña por parte de comunidades cercanas a la ribera del río, área donde también se han detectado incendios que afectaron al bosque de alerce. “Este río está rodeado por un bosque nativo que necesita ser conservado”, dice.

DÓNDE: Nace en la cordillera de la Costa, a la altura de Fresia.

Extensión: 20.000 hectáreas aproximadamente.

Otras especies: Pumas, martín pescadores, garzas, cisnes de cuello negro, coipos.

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