Toromiro

Toromiro

El Mercurio, 03 de enero 2014.- Ejemplares están creciendo en diversos lugares de la isla. Los numerosos intentos frustrados por propagar en la isla ejemplares del árbol extinguido hace medio siglo en Rapa Nui han comenzando a mostrar algunos resultados.

“Esto ha sido como tener otro hijo, pero con hartos dolores de cabeza, hay que tratarlos igual que una guagua”, dice Sonia Haoa, encargada de la Fundación Mata Ki te Rangi.

Así se refiere a la ardua tarea que ha significado la reintroducción en Isla de Pascua del extinto toromiro (Sophora toromiro), un pequeño árbol de madera dura y pesada que en el pasado se usó como combustible y materia prima para elaborar objetos rituales, incluyendo estatuillas y las tablillas rongorongo.

Eso, hasta que la deforestación, la erosión del suelo y la acción de millares de ovejas introducidas en la isla en el siglo XX terminaron por extinguir esta especie hace medio siglo.

Guagüitas y adultos

Haoa habla maternalmente de estos pequeños árboles de la familia de las acacias, cuyas semillas ha sembrado desde hace 15 años. Varias se han convertido en árboles, algunos han llegado a florecer y dar semillas, pero son muchos más los que han muerto.

Hoy sobreviven 18 en un jardín de piedra que sembró en Mataveri y una cifra similar en el campo y en su casa. “Algunos son guagüitas, otros medianos y otros están listos para florecer. Hay que monitorearlos, observar la luz, qué tipo de árboles tienen alrededor, si no les quitan agua, buscar buenos sustratos para que crezcan”, dice. Su sueño es enviar semillas de la isla a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Noruega).

Este trabajo es parte de una iniciativa público-privada que encabeza Conaf para recuperar la especie, como parte de su Proyecto de Recuperación Ecológica de la isla.

“Todos los intentos que se han realizado en las décadas anteriores por reintroducir semillas y plántulas de toromiro han fallado. Los únicos esfuerzos que han resultado son los de los últimos cuatro años”, destaca Ninoska Cuadros, jefa provincial de Conaf Isla de Pascua, que además de administrar el vivero de Mataveri tiene una plantación experimental con 60 toromiros en la quebrada del volcán Rano Kao.

El lugar se escogió porque es ahí donde se encontró el último ejemplar nativo, talado a fines de los años 50 y del cual provienen las semillas que dieron origen a ejemplares que se conservan en jardines botánicos de Viña del Mar y Gotemburgo. Púas de esos ejemplares dieron origen a un huerto de toromiros, creado por Forestal Mininco y Conaf en la Reserva Forestal de Peñuelas (ver recuadro), que hoy tiene cerca de 600 ejemplares injertados en una especie emparentada con el toromiro, la Sophora cassioides.

“Una vez que la plantación de Rano Kao esté dando semillas, haremos parcelas inclusivas para sembrar estas y las de Peñuelas y Mataveri. Estos son sitios cercados, de 5 a 10 hectáreas, con riego asistido y monitoreo por 3 a 4 años. Esperamos que eso ocurra en 2015”, dice Cuadros.

Los escasos nutrientes del suelo, las condiciones ambientales, la invasión de un hongo y la asociación con especies que ya no existen son algunas de las hipótesis que se manejan para la dificultosa reintroducción del árbol. Es por eso que, además, Conaf está buscando socios científicos que investiguen cómo crear las mejores condiciones para que el toromiro vuelva a poblar la isla.

Desafíos

“Los intentos de masificar el toromiro pueden ser un fracaso si no se establecen claramente las condiciones en que este puede adaptarse al ecosistema de la isla, que fue modificado brutalmente entre los siglos XIV y XV”, señala Jaime Espejo, ingeniero forestal y consultor de Forestal Mininco. El profesional es coordinador del huerto de toromiros injertados de Peñuelas, que hoy cuenta con 600 ejemplares.

Entregar variabilidad genética al toromiro es otro de los desafíos. Las semillas actuales provienen de una misma madre: el último toromiro de Rano Kao. Sin embargo, en Australia existe un ejemplar proveniente de otro árbol. Espejo proyecta traer algunas semillas para cruzarlas con las de sus toromiros. “Pueden pasar años antes de obtener la autorización, pero eso les daría más posibilidad de prosperar”, dice.

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