barbara_saavedraPor estos días, al igual que durante los cuatro años anteriores, Chile discute un proyecto de Ley que pretende crear el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas. Este Servicio permitiría completar el diseño inicial del Ministerio de Medio Ambiente creado en el 2010 un poco antes de que acabara el primer mandato de Bachellet. Este proyecto es uno de los 50 compromisos adquiridos por el segundo gobierno de la actual Presidenta, reflejo de su interés en dotar a nuestro país de herramientas adecuadas para avanzar hacia el bienestar de todos los chilenos. Columna de opinión de Barbara Saavedra, WCS, 21 de mayo de 2014.

Un grupo de organizaciones hemos generado un espacio de discusión y promoción de la conservación de biodiversidad, y por años hemos opinado respecto de intentos como este. En esta maratón de los primeros 100 días, y luego de una muy deficiente versión de dicho proyecto en el gobierno anterior, estamos de nuevo (y como siempre) dispuestos a aportar con nuestra experiencia, con nuestro compromiso, con nuestra convicción a la construcción de esta nueva Ley.

A diferencia de la Ley Tributaria, a esta ley de biodiversidad no la conoce casi nadie. Hecho lamentable, pues  la conservación de la biodiversidad, es quizá la herramienta más certera para asegurar bienestar actual y futuro a la población chilena toda, desde las comunidades más aisladas, hasta el empresariado más pudiente. Es una llave que puede abrirnos la puerta a la sustentabilidad de nuestro país, pues dependemos directamente de la explotación de nuestros recursos naturales. La cara más visible y más demandante de natura o biodiversidad.

Es una triste paradoja que esta desconocida ley abra un espacio casi infinito para que personeros públicos, de la más alta alcurnia o de la más baja burocracia, usen sus espacios de poder para reprimir el nacimiento de un embrión viable en este proceso. Enquistados en Ministerios “productivos”, cercenan y mutilan, deforman y retuercen, cualquier atisbo de razón y lógica que pueda dar forma a una Ley de Biodiversidad mínimamente decente. A espaldas del bien común, se niegan estos actores déspotas a hacerse cargo o hacerse a un lado, para diseñar una Ley que de cuenta del mandato nacional (y global) que permita resguardar y recuperar el patrimonio natural de todos los chilenos.

Hacen caso omiso de argumentos científicos mundialmente aceptados; de acuerdos globales en los que Chile ha comprometido su palabra como la Convención de Biodiversidad; de argumentos económicos como los indicados por la OCDE a los que Chile ha intentado responder creando por ejemplo el mismísimo Ministerio de Medio Ambiente; o incluso desconocen argumentos financieros emanados de agencias como el Banco Mundial. Niegan asimismo la evidencia que estalla a diario y que incendia movilizaciones de norte a sur de nuestro país, cuya base comburente siempre cruza la desprotección de la biodiversidad (o capital natural, o naturaleza, como se quiera llamar). Cómo no…si el bienestar actual y futuro de las sociedades humanas está indisolublemente ligado a su ambiente natural.

Especialmente incapaces de dar la talla que nuestro país requiere son aquellos que pretenden administrar en el futuro inmediato sus actuales ministerios “productivos”, sin incorporar todas las herramientas disponibles para mantener el capital natural del que dependen.

Cómo se espera fortalecer la producción agrícola (uno de los ejes de la recién estrenada agenda productividad) en un Chile donde el 60% de sus suelos están degradados y carecen de comunidades bacterianas y vegetales que puedan restablecer este capital perdido? Cómo pretenden estos ministerios recuperar la pesca (otra de los ejes de la mencionada agenda) si no se gestiona la conservación de la veintena de especies sobre las que se sustenta la producción marina nacional? la gran mayoría degrada o sobreexplotada? Especies que a su vez requieren de sistemas marinos sanos y pujantes?

Cómo esperan estos Ministerios direccionar inversiones públicas efectivas si no se hacen cargo de eliminar subsidios perversos, que mantenidos por inercia, tontera o maldad derivan en problemas socio-ecológicos grotescos como los monocultivos de pino y ecualiptos que asfixian y deshidratan centenas de comunidades a lo largo del sur de Chile. Ni hablar de subsidios que día a día financian la llegada y establecimiento de plagas casi bíblicas como cabras o ciervos rojos en zonas a la vuelta de nuestros patios. Cómo evitar colapsos socio-ambientales como el vivido por la salmonicultura (otro de los ejes de la agenda productiva!) hace poco más de un lustro, si se obvía la relación incuestionable entre protección de biodiversidad y producción de recursos naturales?

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