OLYMPUS DIGITAL CAMERALa décima edición del Informe bianual Planeta Vivo 2014 destaca la labor desarrollada por la ONG en la zona de la Ecorregión Marina Chiloense. El trabajo desarrollado en la última década en torno a una estrategia integrada de conservación y sustentabilidad, incluye a las comunidades y autoridades locales. Dínamo, 30 de septiembre de 2014.

La décima edición del Informe bianual Planeta Vivo 2014, elaborado por la organización ambientalista WWF y dado a conocer este martes da cuenta de un análisis exhaustivo sobre el estado global de las poblaciones críticas de vida silvestre, considerando más de 10 mil poblaciones representativas de vertebrados a nivel mundial. En este contexto el material dedica un aportado destacado a un caso chileno, estacándolo como un “modelo de conservación marina”.

Se trata de los fiordos y canales de la Patagonia en el sur de Chile –zona conocida como la Ecorregión Marina Chiloense–, que sobresale como un ambiente único de inmensa importancia para la conservación.

La región alberga muchas especies de mamíferos marinos y aves, corales de agua fría y pesquerías altamente productivas. También cobija una de las áreas de alimentación más importante para el animal más grande que jamás ha existido: la ballena azul. La caza de ballenas prácticamente ha acabado las poblaciones de ballena azul y su supervivencia depende de la protección de estas áreas críticas.

En el informe titulado como “Protección, producción y población”, se subraya cómo esta zona provee gran cantidad de servicios a su población humana: alimentos e ingresos para los pescadores locales, paisajes y vida silvestre sorprendentes que atraen a los turistas, y valores espirituales y culturales. También apoya la producción de pescado a una escala globalmente importante al brindar abrigo a larvas de diversas especies comercialmente importantes, y proveer el 30% de la producción mundial de salmón, el 3% de la de peces blancos y el 12% de la de peces de forraje o pelágicos (FAO, 2014). Pero la sobreexplotación de estos recursos marinos ha alcanzado niveles peligrosos; ya se han perdido hábitats importantes, y el ecosistema y sus servicios están bajo estrés.

La labor de una década

En este contexto, la oficina chilena de WWF ha trabajado a lo largo de más de una década con las comunidades y autoridades locales en una estrategia integrada de conservación para la ecorregión marina. El enfoque está basado en conocimientos científicos sólidos, planeación rigurosa del paisaje terrestre y marino, y participación estrecha con muchos actores –incluyendo las comunidades locales e indígenas, el gobierno, los productores, retailers y el sector financiero.

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Uno de los objetivos de esta iniciativa es establecer una red de áreas marinas protegidas –que se extienda bordeando la costa y se adentra en aguas chilenas hasta alta mar.

A principios de 2014, los esfuerzos coordinados de WWF Chile, el Centro Ballena Azul, la Universidad Austral de Chile y la Fundación
Melimoyu posibilitaron un logro no menor. Hablamos de la creación por parte del gobierno del Área Marina Costera Protegida de Tic Toc –que incluye zonas de alimentación y lactancia para la ballena azul. En conjunto con la nueva AMCP  de Pitipalena (24 mil hactáreas) abarca más de 120.000 hectáreas. Además de dar protección a ballenas y delfines, y permitir que se recuperen las poblaciones de peces, estas áreas protegidas deben aumentar la resiliencia del ecosistema marino al cambio climático.

Igualmente se trabaja en el entorno de las áreas protegidas para reducir el impacto de las pesquerías y la acuicultura, especialmente las salmoneras. Productores, compradores, científicos, ONG ambientales y sociales y otros actores han trabajado juntos en Chile y a escala internacional, para desarrollar el estándar del Aquaculture Stewardship Council (ASC) para el cultivo responsable de salmones.

El estándar del ASC –resultante de casi 10 años de diálogo– busca minimizar o eliminar los impactos ambientales y sociales negativos de la cría de salmón. Las condiciones incluyen controles estrictos sobre la calidad del agua, el escape de peces, el uso de antibióticos y productos químicos, y la mejor manera de manejar los predadores naturales como las focas y las aves marinas.

En 2013, el 70% de las compañías dedicadas a producción mundial de salmón –incluyendo siete compañías chilenas– se comprometieron a que en 2020 todas sus salmoneras estarían certificadas de acuerdo con el estándar ASC. Esta es una oportunidad real, pero se requiere mucho trabajo para acelerar la adopción de mejores prácticas y lograr la certificación ASC.

Desde la ONG ambientalista destacan que el éxito a largo plazo de la conservación depende del desarrollo equitativo y sostenible para los habitantes de la región, incluyendo los pueblos indígenas. Puesto que se espera que las nuevas áreas marinas protegidas aumenten el ecoturismo, WWF viene trabajando con las comunidades para capacitarlas en sacar ventaja de las oportunidades emergentes. Esto mejoraría los medios de vida de las personas, y aumentaría el incentivo para proteger su herencia natural y cultural.

La certificación ASC también exige que los productores funcionen de manera socialmente responsable, tanto como empleadores y como vecinos.

La líder indígena chilota, Sandra Antipani, subraya, en este sentido, que “la industria salmonera necesita primero conocer la comunidad en la que opera, considerar la percepción de las personas, su cultura, su historia, y sobre todo, el respeto por el ecosistema, y las plantas y los animales que allí viven”.

“El concepto de conservar los ecosistemas marinos y las ballenas azules forma parte de nuestra conciencia indígena”, agrega.

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Cinco claves

La primera de las proridades de la ONG apunta a preservar el capital humano. Es así como WWF y sus socios están trabajando para establecer una red de áreas marinas protegidas que cubra por lo menos el 10 por ciento de las aguas costeras de Chile.

En el marco del cumplimiento del mencionado estándar ASC se apuesta además por producir mejor, cuestión que pasa por reducir bastante el impacto de la acuicultura de salmón en los ecosistemas marinos. Un proyecto piloto está evaluando los impactos de la certificación ASC, con base en 42 indicadores sociales, económicos y ambientales.

A esto se suma el consumo responsable. La demanda de los consumidores y minoristas de una producción de salmón más responsable ha motivado a los productores a comprometerse con la certificación ASC.

WWF también busca reorientar los flujos financieros hacia la sostenibilidad, estimulando a las instituciones financieras para que apoyen la producción sostenible de productos básicos, incluyendo certificaciones como ASC. En Chile, el banco holandés Rabobank está trabajando con WWF y las salmoneras chilenas para mejorar el desempeño sustentable. Esto permitirá a los productores ser más competitivos y menos vulnerables a los riesgos ambientales y sociales. Esto también tendrá un impacto positivo en las relaciones bancarias y el otorgamiento de créditos.

Finalmente, se releva el valor de la gobernanza equitativa de recursos, fórmula que permite que las comunidades locales e indígenas del área se hayan transformado en aliados importantes para la conservación marina y el uso de mejores prácticas sociales y ambientales en la industria salmonera.

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