mariposaEl uso del herbicida Roundup en el medio oeste de EE UU impide la reproducción de la especie que recorre América del Norte. Los rancheros y campesinos norteamericano lo utilizan en plantaciones de soya y maíz para evitar que el algodoncillo compita con el crecimiento de sus sembradíos. El Dínamo, 03 de octubre de 2014.

La mariposa monarca ya no llega en gigantescas colonias a los bosques de Michoacán y el Estado de México. La migración de este insecto en América del Norte ha caído notoriamente en la última década.  Tras esto los expertos mexicanos han apuntado hacia Estados Unidos como uno de los responsables de que la especie esté perdiendo su presencia en el continente por el uso desmedido de herbicidas.

Desde la oficina mexicana del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) señalan en un informe que en el último año la mariposa monarca ocupó 0.67 hectáreas de bosque, un 44% menos respecto al año anterior y el peor registro que se haya tenido en la historia de la migración de este especie a México. De ahí que la organización junto a las autoridades mexicanas echaran a andar un programa para mejorar la conservación de los bosques a los que estos insectos migran durante el invierno, a través de iniciativas en las que los dueños de los bosques se encargan de su cuidado.

Según WWF, en 2013 la degradación del bosque que alberga a este tipo de mariposa ocurrió en ocho hectáreas, la mitad que el año anterior, de una reserva que abarca 56.000 hectáreas. Las causas de la deforestación en la región han sido principalmente por la tala ilegal en el Estado de Michoacán, así como por las sequías que afectaron a los bosques del Estado de México.

“México ha hecho del cuidado del santuario de la mariposa monarca una prioridad. Es indispensable que Estados Unidos y Canadá participen también, pero la realidad es que no hemos visto acciones concretas por parte de ellos”, señaló a El País, el director en México de WWF, Omar Vidal.

Los dardos contra Roundup

Las mariposas monarcas recorren hasta 4.000 kilómetros desde Canadá para llegar a los bosques mexicanos. Al atravesar el medio oeste de Estados Unidos logran la reproducción de la generación más longeva de su especie, que vive ocho meses, y que es la que finalmente llega hasta México. Los expertos señalan que el uso del herbicida Roundup –elaborado por la multinacional Monsanto– impide el crecimiento de las asclepias o algodoncillos, las plantas donde ocurre todo el proceso reproductivo.

Los rancheros y campesinos de Estados Unidos utilizan este herbicida en plantaciones de soya y maíz para evitar que el algodoncillo compita con el crecimiento de sus sembradíos. Según un estudio de la Universidad de Minesota, dirigido por la investigadora Karen Oberhauser, la relación entre la disminución de plantas de algodoncillo y la reproducción de la mariposa monarca es directa. De 1999 a 2010, el descenso del 58% en la existencia del vegetal impactó en un 81% en la reproducción del insecto.

En febrero, los presidentes de México, Canadá y Estados Unidos acordaron en la Cumbre de líderes de América del Norte la instalación de un grupo de trabajo que abordaría el descenso de la migración de la especie. “Es muy pronto para tener resultados concretos de lo que está haciendo Estados Unidos”, explica Alfredo Arellano, director de proyectos especiales de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (CONANP).

Asimismo un grupo de intelectuales artistas y científicos de diversos países enviaron este viernes una carta a los líderes de EE.UU, Canadá y México en la que piden salvar a esta especie. 

Las instituciones medioambientales de México estiman que en Estados Unidos algunas pequeñas acciones se han empezado a tomar para impedir una mayor pérdida de la mariposa monarca.“Hay mucha esperanza en que sean los agricultores y la sociedad civil la que participe más en la conservación de este fenómeno migratorio”, apunta Arellano.

Las mariposas monarcas han comenzado su avance hacia México. Si todo sale bien, los primeros grupos de insectos estarán en los bosques del centro del país en noviembre. “Todo parece indicar que van a llegar a tiempo. Son muy puntuales”, comenta Vidal. Avanzan a una velocidad de entre 75 a 130 kilómetros por hora y están sorteando las consecuencias del cambio climático, la amenaza de los herbicidas y la destrucción de los ecosistemas a su paso.

 

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