A pesar de que desde hace siglos los asentamientos humanos se localizan en torno a zonas húmedas en las que hallar agua fresca, alimentos y lugares de caza y pesca, desde la época de los romanos hasta la Edad Media, los humedales fueron considerados como focos de enfermedades infecciosas, y después como terrenos inútiles, erradicándolos hasta prácticamente los años 50, momento en que comenzó la preocupación por su protección.

Los humedales son ecosistemas complejos que adoptan gran diversidad de formas, de manera que surgen dificultades para elaborar una definición que permita incluirlos a todos, por ejemplo, al encontrarse gran parte de ellos en la zona de transición entre tierra firme y zonas acuáticas, se plantean dudas sobre si éstos serían una extensión de uno u otro, sin reconocérsele características propias. Pueden hallarse inundados permanentemente o de manera temporal, dependiendo de las estaciones del año, las mareas o incluso variar de un año a otro. Pueden ubicarse en la costa o en zonas interiores, conteniendo así agua dulce, agua salada o encontrarse ambas. También varían en tamaño, abarcando desde pequeños esteros a humedales de cientos de hectáreas.

Pero de lo que no hay duda, es de la cantidad de funciones que se les atribuyen: son el hábitat para gran diversidad de especies: actúan como esponjas naturales, absorbiendo las precipitaciones y reduciendo las crecidas de arroyos y ríos, permitiendo la recarga y descarga de sistemas acuíferos; al circular el agua más lentamente entre su vegetación, contribuyen a regular inundaciones, y sus raíces proporcionan cohesión a la línea costera reduciendo la erosión provocada por viento y oleaje; participan en la formación de suelos, reteniendo sedimentos y acumulando materia orgánica; son filtros naturales que depuran el agua absorbiendo contaminantes, a la vez que adquieren, almacenan, reciclan y procesan nutrientes; intervienen en la regulación climática, acumulando el 30% del carbono generado en el planeta, capturando doce veces más CO2 que las selvas; manejados de manera sostenible proporcionan madera para la construcción, aceite vegetal, plantas medicinales y forraje para los animales, sin olvidar el cultivo en arrozales.

Desgraciadamente, la agricultura, el pastoreo, la urbanización, la canalización de aguas y la contaminación han provocado que durante el siglo XX hayan desaparecido el 64% de los humedales del planeta y que su degradación continúe a pesar de las políticas y estrategias internacionales, nacionales y regionales dedicadas a su protección.

Hasta el momento Chile tiene designados 13 Humedales de Importancia Internacional (sitios Ramsar, Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas), siendo uno de ellos el de Bahía Lomas, en la Región de Magallanes, y actualmente el Comité Nacional de Humedales se encuentra analizando la postulación del humedal Tres Puentes de Punta Arenas como nuevo sitio Ramsar.

Los humedales son vitales para la supervivencia humana, y nosotros como ciudadanos, podemos contribuir a su sostenibilidad con medidas tan sencillas como: informarnos de los humedales existentes en nuestra zona y visitarlos. prestando atención a los beneficios que aportan y difundiéndolos, ofrecer ayuda a los responsables de humedales, como la limpieza de basura, participar el 2 de febrero en el Día Mundial de los Humedales, seleccionar plantas autóctonas y resistentes a las plagas para nuestro jardín, utilizar la menor cantidad posible de fertilizante y evitar los pesticidas tóxicos, entre muchas otras acciones.

Fuente: El Pinguino

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