Investigadores están actualizando el inventario de insectos de la isla, un trabajo que no se realizaba desde los 70. En cuevas, acantilados y volcanes han recolectado más de 20 mil insectos en nueve años, descubriendo ocho nuevas especies.

La extinción es una palabra que persigue a los habitantes de Rapa Nui, que han visto cómo la isla rica en biodiversidad que recibió a sus ancestros fue perdiendo sus especies de vertebrados y plantas terrestres. Ahora no quieren que siga ocurriendo y comenzaron con los invertebrados.

Desde 2008, el biólogo estadounidense Jut Wynne, de la U. del Norte de Arizona, ha visitado la isla, realizando campañas de recolección de insectos en cuevas, volcanes, acantilados y costas. Ya ha recolectado sobre 20.000 especímenes, y a partir del 2% que se ha analizado hasta ahora, ha sido posible ir completando un inventario de especies que no se hacía desde los años 70.

Para hacerlo consiguió no sólo la autorización, sino la ayuda de la misma población.

“La información está disgregada y muy dispersa”, dice Sebastián Yancovic Pakarati, experto local en patrimonio natural del Consejo Natural de Monumentos Naturales (CMN), quien participó de los estudios.

El naturalista rapanui Sebastián Yancovic Pakarati buscando insectos en una cueva. Foto: Nicholas Glover

El naturalista rapanui Sebastián Yancovic Pakarati buscando insectos en una cueva. Foto: Nicholas Glover

Hoy, gracias al trabajo que ha realizado Wynne junto a investigadores del Parque Nacional Rapa Nui y el Museo Antropológico Padre Sebastián Englert, se sabe que hay 463 especies de insectos en la isla, de las que 31 son endémicas (6,69%). Diez se encontraron en las últimas campañas, entre ellas, ocho nuevas para la ciencia, pero todas en peligro de desaparecer. “Las otras especies endémicas no se han observado desde que fueron descubiertos originalmente”, dice Wynne.

De ahí la preocupación por protegerlas. “Todas estas especies que hemos identificado podrían estar en peligro. La razón por la que lo sugiero es porque al menos la mitad de ellas fueron detectadas por sólo uno o dos individuos, y condujimos una gran campaña, lo que nos sugiere que no hay muchos”, indica.

Son principalmente artrópodos, como pequeños colémbolos (Collembola) y psocópteros o piojos de libros (Psocoptera) y Armadillidiidae, una familia de crustáceos isópodos terrestres, que se creían restringidos al ambiente de la cueva.

Hawaiioscia rapui, endémica de la Polinesia y restringida a las cuevas. Foto: Taiti y Wynne, Zookeys

Hawaiioscia rapui, endémica de la Polinesia y restringida a las cuevas. Foto: Taiti y Wynne, Zookeys

La introducción de especies no nativas, que son mayoría, está afectando a los endémicos, dice el biólogo, porque compiten por el territorio o lo pierden porque se convierten en alimento de las foráneas.

“Lamentablemente nuestra isla ha perdido gran parte de su flora y fauna original, por ello, aunque estos animales sean muy pequeños, son importantes, ya que muchas de esas especies han existido desde la llegada del Ret Hotu Matua hasta nuestra era. Es un legado natural que nos conecta con nuestras raíces”, dice Yancovic Pakarati.

“La isla ha pasado por un cambio muy dramático. El ecosistema hoy es muy diferente al que vieron los primeros polinesios, los vertebrados de tierra y la mayoría de las plantas se extinguieron y, con eso en mente, los únicos animales, con excepción de las aves oceánicas, son los insectos, son lo más representativo de lo nativo, por eso es tan importante, son una conexión de la gente rapanui con el pasado”, dice Wynne.

“Por eso espero aprender más y compartir la información con la gente rapanui, porque ellos son los que los van a proteger, porque son el pasado rapanui, ese bicho estaba vivo cuando sus ancestros llegaron aquí. Eso es muy bueno, es una conexión con el pasado”, agrega.

El ecólogo Jut Wynne busca insectos en los detritos marinos.

El ecólogo Jut Wynne busca insectos en los detritos marinos. Foto: Nicholas Glover

Cada una de las especies recolectadas, tras ser analizadas en su laboratorio en EE.UU., volverá al país, al Museo Nacional de Historia (MNHN) y al museo rapanui. Es el compromiso con el que se realizó la cooperación. De esta manera, las muestras también podrán ser estudiadas por científicos nacionales.

Equipo multicultural

Wynne enfatiza en que el trabajo con los insectos de la isla no habría sido posible sin la ayuda de investigadores y guardaparques del Parque Nacional Rapa Nui y el museo de la isla, quienes se convirtieron en sus compañeros de equipo.

“Para el parque nacional las cuevas de la isla, que son muchas (más de 500), son elementos muy frágiles. Ya los visualizábamos como frágiles principalmente por la biodiversidad vegetal, sin embargo, con el investigador pudimos conocer microorganismos, artrópodos que no se pueden ver bien al ojo humano y su importancia, porque hay mucho endemismo en ellos”, dice Lilian González, encargada de la Unidad Técnica Arqueológica del parque.

Seria manukio, nueva especie de colénbla, endémica de la isla. Vive en cuevas. Bernard, Soto-Adames y Wynne, Zootaxa

Seria manukio, nueva especie de colénbla, endémica de la isla. Vive en cuevas. Bernard, Soto-Adames y Wynne, Zootaxa

“Ellos fueron una increíble gran ayuda, los guardaparques asistieron el trabajo de campo, me proveyeron apoyo administrativo, vehículos, fue increíble, tuve apoyo total del parque para el proyecto. También el museo me dio acceso a laboratorio y usamos el laboratorio durante todo el tiempo. El proyecto no hubiera sido posible sin ellos”, dice Wynne.

El trabajo con el investigador, permitió que dos guardaparques fueran capacitados para continuar con el muestreo y la identificación, pero ahora a nivel macro. Según cuenta González, ahora quieren clasificar el resto de la biodiversidad vegetal y animal para tener una especie de “libro rojo”.

Fuente: La Tercera

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