Cambio de uso de suelo podría afectar los sistemas acuáticos del sur de Chile

La sustitución de bosque nativo por plantaciones forestales de pino y eucalipto y cultivos agrícolas, como también la deforestación, están alterando los ecosistemas ribereños del sur de Chile.

Así lo asegura Pablo Fierro, biólogo marino del laboratorio de biodiversidad y conservación de la U. de Concepción, quien lidera un estudio sobre el tema en la revista especializada Science of the Total Enviroment, del grupo Elsevier.

“Al eliminar la vegetación de ribera hay un impacto en la ecología de los ríos. En un ambiente normal, las hojas y palos que caen al río son utilizados por invertebrados como refugio y alimentación”, explica.

En cambio, cuando se sustituye o elimina la vegetación, el borde queda despejado y las hojas y ramas que ocasionalmente caen corresponden a especies foráneas a la que la biodiversidad local no está acostumbrada.

Las formas de vida más sensibles son los insectos acuáticos, en particular sus larvas, que corresponden a 90% de las especies que se pueden encontrar en un río. “Se desarrollan en el agua y cuando llega la primavera emergen y vuelan”.

Según revela el estudio, en los bordes de río donde la vegetación ha sido intervenida, el número y diversidad de larvas e insectos es menor que en aquellos donde el ambiente se mantiene intacto. Esto ocurre especialmente con los plecópteros o moscas de las piedras, de las cuales en Chile se han contabilizado 62 especies.

“Hay un efecto directo en los insectos y sus larvas, pero también en los peces que los consumen, en las aves que comen a su vez a los peces y de ahí hacia arriba”, sostiene. Es lo que los especialistas denominan como cascada trófica.

Otro problema son los nutrientes. Las plantaciones agrícolas inyectan fósforo y nitrógeno para que las plantas consigan un mayor desarrollo, pero cuando su uso es excesivo basta una lluvia fuerte para que los arrastre a los ríos.

Como consecuencia se produce eutrofización, es decir, la producción de algas es mayor a lo habitual. “Si bien las larvas se alimentan de algas, lo hacen en un ambiente equilibrado, pero en estas cuencas el equilibrio está alterado”.

Fierro y su equipo analizaron el impacto de la sustitución del suelo en la ecología de invertebrados de cuencas entre Tirúa, en el límite de las regiones del Biobío y La Araucanía, y la Reserva Costera Valdiviana, en la Región de Los Ríos, la mayor área protegida de la zona. “Esta última es la cuenca menos intervenida de la zona, por lo que la usamos para compararla con otras 20 áreas ribereñas”. Los peores resultados están en las cuencas de los ríos Queule, en la región de La Araucanía, y Lingue; en Los Ríos, donde hay grandes plantaciones de eucaliptos, y también la del lago Budi, donde el uso de suelo es intensivo, en especial para plantar papas.

“Esto ha ocurrido en los últimos años y el reemplazo del bosque nativo sigue aumentando”, advierte.

La solución, advierte, no implica eliminar las plantaciones, pero sí establecer zonas de contención natural en las riberas en que se mantenga la vegetación nativa. Eso evitaría la penetración directa de nutrientes en exceso y también aportaría las ramas y hojas que precisan las especies del río.

Agua pura

La calidad del agua también varía entre los ríos aledaños a bosques prístinos y los que están junto a áreas intervenidas, revela el estudio. Es así como la cuenca del Chaihuín, en la Reserva Costera Valdiviana, mostró los índices de agua más limpia, mientras que los más bajos se registraron en las zonas aledañas a plantaciones agrícolas como las del Lago Budi.

Fuente: El Mercurio.

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