Un verdadero tesoro resultaron para la bióloga marina australiana Marianne Nyegaard, de la universidad Murdoch, unas imágenes captadas en Chañaral de Aceituno (Región de Atacama) por el instructor de buceo y documentalista chileno César Villarroel, las que mantenía en Vimeo y en su sitio explorasub.cl.

Resultaron ser los únicos registros de un Mola tecta vivo, una nueva especie de pez luna que recién había descrito. “Es la primera de su tipo identificada en los últimos 130 años”, destaca Villarroel, quien fue contactado por la investigadora apenas descubrió sus registros.

El luna está entre los peces óseos más grandes y pesados del planeta, ya que puede superar las dos toneladas y crecer hasta tres metros de longitud. Además, es extremadamente raro. “Parece una maleta con alas”, dice Nyengaard, quien lleva trabajando con este tipo de fauna marina hace más de tres años.

Todo comenzó en 2014, cuando investigaba la genética de poblaciones de Mola ramsayi , la especie hermana de Mola tecta, a partir de pequeñas muestras de piel enviadas desde buques de pesca en Australia y Nueva Zelandia. “El análisis de ADN mostró que había una misteriosa especie desconocida entre ellas, pero yo no sabía cómo debía lucir y tampoco dónde encontrarla. En el caso del pez luna, no se puede simplemente navegar mar afuera y echar un vistazo, porque son muy difíciles de encontrar e incluso si lo hiciéramos habría que matarlo, lo que había que evitar. Era mucho mejor esperar que ocurriera de forma natural”, cuenta la especialista a “El Mercurio”.

Triste y solitario

La oportunidad llegó cuando la alertaron de una varazón de peces luna en la zona de Christchurch, Nueva Zelandia, a 5 mil kilómetros al este de su oficina en Perth, Australia. Desafortunadamente, cuando preparaba el viaje, una tormenta barrió con los ejemplares, aunque antes un investigador local había logrado hacer algunos registros fotográficos y muestreos.

Pero la fortuna estaba de su lado. “Apenas 10 días después, increíblemente, como si el pez quisiera ser encontrado, el océano arrojó un cuarto ejemplar a la misma playa, y esa vez partí de inmediato”, cuenta entusiasmada.

“Llegué en plena noche y un residente me llevó en su auto a la playa y cuando llegamos, iluminó a los peces con los focos. Me quedé allí, bajo las estrellas, con el enorme pez tendido en la playa, un gigante perdido, a la vez triste y solitario, pero también hermoso, de la manera más extraña. Pude ver de inmediato que era el pez misterioso, porque lucía tan diferente a las otras dos especies. Fue uno de los momentos más increíbles de mi vida”, recuerda.

Más tarde, el análisis genético confirmó que los cuatro especímenes varados eran de los peces misteriosos. Junto con un equipo de científicos de Japón y Nueva Zelandia, ya ha recogido datos de un total de 27 especímenes durante cuatro años, lo que le ha permitido publicar la descripción de la especie en detalle en la revista Zoological Journal of the Linnean Society, de julio pasado.

Pero el único registro del pez en su ambiente natural hasta ahora es el de Chañaral de Aceituno. Lo descubrió buscando en internet imágenes y videos de peces luna.

“Ella se comunicó conmigo y me preguntó si podía utilizar mis imágenes para la publicación científica y yo le dije que ningún problema”, cuenta Villarroel, quien dirige una estación de buceo en el área.

Reconoce que es primera vez que puede aportar un registro nuevo para la ciencia con sus imágenes. Y podría no ser el único. “Me queda la sensación de que en la reserva hay más especies que no están bien descritas y que son nuevas para la ciencia. Hay que seguir documentando”.

Fuente: El Mercurio.

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