Las razones del debilitamiento de sus hojas, que ha terminado con la muerte de algunos ejemplares, todavía no genera consenso. En forma preventiva, se está cultivando la especie en invernaderos para plantarlos en lugares óptimos para su crecimiento. El aumento de lluvias y nieve habría estimulado la regeneración natural.

“Hay árboles que se están recuperando, algunos están generando rebrotes desde las ramas secas”, asegura optimista el patólogo forestal Rodrigo Morales, del Laboratorio de Salud de Bosques y Ecosistemas de la U. Austral.

El especialista ha monitoreado los últimos tres años las araucarias afectadas por un, todavía, misterioso daño foliar. Hace dos semanas estuvo en la zona de Panguipulli y observó directamente los signos de regeneración, lo que ya ha visto en otras zonas. Sin embargo, reconoce que es muy temprano para afirmar que ha pasado el peligro. “Hay una respuesta positiva por las condiciones climatológicas de mayor lluvia o nieve que han imperado en las zonas cordilleranas . No sabemos si esta situación de precipitación se mantendrá en el tiempo o van a venir sequías más agresivas”.

Conaf convocó a una mesa de especialistas nacionales y extranjeros de universidades y empresas para investigar qué es lo que está afectando a la especie en la zona.

Sin embargo, Moreno está convencido de que más que un agente causal único, el debilitamiento que padecen las araucarias estaría relacionado con la megasequía que ha afectado a la zona en los últimos años y que se ha hecho más evidente en zonas con suelo de baja calidad.

“Esa afección se ha visto manifestada en la muerte de follaje y ramas y, en algunos casos, de individuos, pero en forma aislada, no masiva”, asegura.

No desconoce que agentes biológicos como hongos, insectos y ácaros podrían empeorar la condición del árbol enfermo, pero asegura que ellos siempre han coexistido con la araucaria cuando está sana. “No hemos encontrado ningún agente exótico foráneo que esté afectando a los árboles en este ecosistema”.

En Forestal Mininco, que participa en la mesa de Conaf, tienen una mirada parecida. “Si bien es cierto que apareció un hongo de las raíces que está en algunas concentraciones un poco extrañas, es muy aventurado decir que ese es el causante. Es muy probable que sea una suma de factores, no solo uno, lo que causa la muerte de las araucarias”, opina el especialista Jean Pierre Lasserre, gerente de tecnología silvícola de la compañía. Ellos han realizado análisis genéticos con la U. de Concepción en busca de algún agente biótico vinculado con la enfermedad.

Más allá de quién o qué sea el causante, un grupo de investigadores del Instituto Forestal (Infor), con el apoyo de FAO, en el marco de las actividades del Sistema Integrado de Monitoreo de Ecosistemas Forestales Nativos (Simef), trabaja con una mirada a más largo plazo. Es así como seleccionaron 418 distintas araucarias y recolectaron de cada una de ellas 300 semillas. Las llevaron a un vivero de CMPC donde esperarán 18 meses para que crezcan hasta unos 20 centímetros y luego las plantarán.

“Hemos trabajado con el climatólogo de la U. de Chile Fernando Santibáñez, quien hizo un estudio de cómo serían las condiciones climáticas en 50 años más basándose en los actuales lugares donde crece la araucaria”, destaca Roberto Ipinza, genetista forestal y coordinador de la iniciativa de conservación.

El concepto detrás se conoce como migración asistida, ya que la idea es que estos árboles crezcan en el mejor lugar posible respecto de las condiciones que presentará el país en medio siglo más. Según Ipinza, es una forma de salvaguardar su patrimonio genético ante el cambio climático.

Fuente: El Mercurio.

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