La fragilidad de estos ecosistemas, repartidos desde Arica a Tierra del Fuego, se resguardará declarándolos Santuario de la Naturaleza, Monumento Natural o Parque Nacional.

Chile tiene cerca de 4,5 millones de hectáreas de humedales. Se trata de refugios naturales para fauna y flora silvestre, fuentes de agua dulce, y de recarga de acuíferos y verdaderos filtros para sedimentos y contaminantes. Sin embargo, la expansión urbana, el cambio climático y la acción humana los han convertido en ecosistemas altamente vulnerables.

“Son los grandes olvidados de la biodiversidad. Se encuentran en desprotección”, dice Marcela Cubillos, titular del Ministerio del Medio Ambiente (MMA), repartición que para mitigar ese deterioro acaba de concluir la elaboración del Plan Nacional de Protección de Humedales.

Se trata de un programa que en una primera etapa definió 40 de estos ecosistemas cuyo resguardo es prioritario. Otros 18 se encuentran en evaluación para una segunda etapa.

De norte a sur

Los 40 humedales que serán protegidos se ubican en todas las regiones, excepto Aysén, y suman una superficie de más de 250 mil hectáreas.

“La gran mayoría se acogerá a la figura de Santuarios de la Naturaleza, para darles un nivel de protección efectivo”, señala Cubillos. Esto, porque cualquier intervención en un santuario debe someterse al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental.

Además, esta categoría implica que las actividades que se quiera desarrollar en ellos deberán ser autorizadas previamente por el Consejo de Monumentos Nacionales, “considerando que los humedales son un invaluable patrimonio natural del país”, dice la ministra de Cultura, Alejandra Pérez, cuya repartición, junto al Ministerio de Bienes Nacionales, colabora en la implementación del programa.

Otra categoría es la de Monumento Natural, con la que se planea proteger la desembocadura del río Loa. Esto implica una protección absoluta, que según la ley lo hará “inviolable, excepto para realizar investigaciones científicas debidamente autorizadas o inspecciones gubernamentales”, agrega Pérez.

Más al norte, Salar del Huasco (110.962 ha) es el único que recibirá la categoría de Parque Nacional y con el que se iniciará el programa, tras someterlo al pronunciamiento del Consejo de Ministros para la Sustentabilidad el 16 de agosto.

“Esta categoría responde a que es un sitio emblemático, dado su valor en biodiversidad, singularidad y niveles de endemismo, mientras que su humedal altoandino es uno de los más prístinos que perduran en Chile, conservando casi toda la integridad de su ecosistema”, explica la ministra.

Dos humedales que ya son santuarios y están amenazados por la expansión inmobiliaria se ampliarán: Tunquén, que crecerá de 96 a 151 ha, y Río Lluta, que pasará de 27 a 297 ha.

Este último es el que se ubica más al norte. “Es la primera parada en Chile para varias especies de aves playeras migratorias. Ampliar su área de protección permitirá gestionar amenazas como el cambio al plano regulador y una carretera que se planea que pase por la zona, y generará un área de amortiguación alrededor de la desembocadura y el estuario”, dice Diego Luna, especialista en conservación de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras.

El más austral -y segundo en extensión después de Salar de Huasco- es Bahía Lomas (58.900 ha), en la Región de Magallanes: “Es uno de los pocos sitios que aún presentan bajo nivel de intervención humana”, dice Carmen Espoz, directora del Centro Bahía Lomas, de la U. Santo Tomás. Su inclusión es bienvenida, por tratarse de “un sitio clave reconocido en distintas estrategias internacionales de conservación de aves playeras”.

A juicio de Luna, el Programa de Protección “es un gran avance, pero es solo el inicio del proceso de conservación. El gran desafío que vendrá tras la declaración oficial es una buena gobernanza de cada sitio, es decir, cómo los actores involucrados nos ponemos de acuerdo para su manejo y conservación”.

Fuente: El Mercurio.

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