Recorrer los senderos de la Reserva Costera Valdiviana con la inmensidad de la selva viva, su humedad, los rayos de sol que se dejan ver en medio de la lluvia y que se mezclan con sonidos de pájaros o la sorpresa de poder divisar al pudú fascina, pero lo que realmente impacta es enfrentarse al «Abuelo», un milenario alerce de más de dos mil años, un verdadero sobreviviente.

Caminar los senderos, conocer la historia de las comunidades que habitan Chaihuín y su relación con el medio ambiente permite entender los esfuerzos que se están realizando para conservarlo. La Reserva Costera Valdiviana es un proyecto impulsado desde 2003 por la ONG The National Conservancy (TNC) que se adjudicó en 7,5 millones de dólares las 60 mil hectáreas, luego que el área saliera a subasta pública.

Hasta entonces la zona por muchos conocida como «la cordillera pelada» fue amenazada por el uso excesivo de los recursos, partiendo por la tala de bosques de alerce para convertirlos en carbón vegetal. Lo que vendría después sería aún más devastador. En la década del 80 comenzó a funcionar la primera forestal que elaboró uno de los proyectos de sustitución de especies nativas más grande en Chile. Cuarenta mil hectáreas de bosque natural de los predios Chaihuín y Venecia fueron quemadas para plantar eucaliptus, una especie exótica de rápido crecimiento. «Aparte del daño irreparable a la flora y fauna del lugar, las forestales impedían a la comunidad ver el sol, todo producto de las quemas y el humo», relata Alfredo Almonacid, gerente de la Reserva Costera Valdiviana de The Nature Conservancy.

La mayor parte de los habitantes de la zona son pescadores artesanales, agricultores y ganaderos. Tanto ellos como la comunidad científica vieron con horror cómo perdían su valioso patrimonio y decidieron actuar, logrando que la Corporación Nacional Forestal (Conaf) implementara un proceso de fiscalización lo suficientemente riguroso para que la empresa forestal estuviera paralizada durante mucho tiempo (por no cumplir los estándares), llevándolos a la quiebra, lo que derivó en que los acreedores solicitaran la subasta pública del patrimonio.

En 2005 se creó la Reserva Costera Valdiviana con espacios abiertos al uso público y una política de desarrollo y conservación vinculados a las comunidades. «La idea es probar que haciendo conservación también se pueden transferir beneficios a las comunidades que históricamente han ocupado estos territorios», dice Almonacid. Así se comienza a trabajar en el desarrollo del turismo o ecoturismo capacitando y educando a la población, cuyo principal ingreso era la pesca artesanal. Han sido las mujeres las que han tomado la delantera haciéndose cargo de los proyectos.

Una de ellas es Margarita Guala (41 años), nacida y criada en Chaihuín, dueña de «La Chalito», un pequeño restaurante de comida chilena marina. «Para nosotros ha sido un gran triunfo haber logrado detener el daño que se le estaba haciendo al medio ambiente; la reserva ha impulsado el turismo en la zona y a nosotras nos permite desarrollar la gastronomía local y ser un aporte para nuestras familias».

El parque posee varios senderos, siendo el principal el de los Alerces, el que ofrece una caminata guiada de tres horas que termina ante el llamado «Abuelo», un milenario alerce ( Fitzroya cupressoides ) de una altura superior a los 45 metros, con dos metros de diámetro y cuya edad se estima en más de 2.000 años.

Jaime Figueroa tiene 64 años y es uno de los guías que acompañan el recorrido, su vida ha transcurrido bajo estos árboles y ha sido testigo de la deforestación y de la actual conservación del parque. «Para serle sincero, yo no tenía idea qué significaba conservación y menos sustentabilidad, imagínese que yo trabajaba en la forestal todo el día metido en el bosque sin darme cuenta de lo hermoso que es, hoy me siento orgulloso de ser uno de los guías del parque», dice.

Más inversión

Lamentablemente, Chile se ubica en la parte más baja entre preservación de las áreas protegidas. Mientras Argentina, por ejemplo, invierte en promedio 8 dólares por hectárea protegida y Costa Rica 14 dólares, la cifra en nuestro país es de 0,6 dólares por hectárea. Sin embargo, en la reserva costera valdiviana se gasta cerca del estándar de Argentina y para llegar a eso se requieren recursos, por eso una manera de darles seguridad financiera a proyectos como este es a través de la venta de bonos de carbono.

Es por esto que por primera vez en nuestro país la empresa brasileña Natura, que lleva trabajando hace tiempo en un programa de sustentabilidad en Brasil, compra bonos de carbono. De esta forma, la compañía quiere lograr ser una empresa carbono neutral, por lo que su misión se traduce en bajar las emisiones de CO {-2} en un 33% al 2020, tomando como base el 2013.

Para lograrlo, Lucía Martínez, gerenta de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad de Natura en Chile, afirma que «la idea es reducir lo más posible; y lo que no podamos reducir, compensar a través de la compra de 26.000 bonos de carbono apoyando el proyecto de conservación de la Selva Valdiviana que nos permite decir que el 100% de las emisiones 2014-15 de Natura Chile están compensadas en este proyecto».

Hasta ahora, en la zona se han logrado importantes acuerdos en conjunto con la Conaf, que administra el parque, y el gobierno regional, para construir en este sector una especie de paisaje y territorio de conservación que reconozca también el trabajo comunitario y eventualmente extender la conservación al ámbito marino.
Chile se ubica en la parte más baja entre preservación de las áreas protegidas. Mientras Argentina, por ejemplo, invierte en promedio 8 dólares por hectárea protegida y Costa Rica, 14 dólares, la cifra en nuestro país es de 0,6 dólares por hectárea.

Fuente: El Mercurio

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