La zona más afectada por la erosión está en los arrecifes situados al oeste y sur de la isla.

Isla de Pascua no va a desaparecer bajo el mar producto del cambio climático porque es una isla volcánica alta, pero sus costas se están socavando progresivamente por la fuerza del agua, lo que afecta sus monumentos costeros.

Así lo reconoce el arqueólogo local Sergio Rapu, quien calcula que al menos 30% de las estructuras de ese tipo podría ser finalmente llevado por el mar si no se toman medidas.

“Es un proceso que ha ocurrido periódicamente a través de los años, dependiendo de la corriente, y su mayor consecuencia es la erosión en muchos lugares de la isla”, precisa.

Esta semana, un artículo en The New York Times acusó el fenómeno vinculándolo con el cambio climático. “Hay una conexión con él porque de una forma u otra es un fenómeno que nos está llegando a todos, pero el proceso se está presentando desde hace rato. No es que el mar antes haya estado súper tranquilo, siempre ha sido agresivo, considerando que no posee arrecifes de coral como otras islas, los que sirven de muro de contención”.

Admite que en los últimos años se ha producido un cierto grado de aceleración. “Lo notamos más porque si uno se fija en monumentos que fueron construidos a 40 o 20 metros del borde mismo, ahora por efecto de la erosión lo tienen casi encima”.

Los mayores problemas se presentan en la costa oeste y sur. Uno de los sitios afectados más importantes es la villa ceremonial de Orongo, situada entre el cráter Rano Kau, un acantilado de 400 metros que cae directamente al mar. Debido a la erosión por las lluvias y fuertes vientos, la ladera se está debilitando, y periódicamente se desprenden rocas. Está en la lista de patrimonio en peligro de la World Monument Watch.

Desde hace dos décadas cuenta con instrumentos que miden cuanto se está desplazando o perdiendo. “Hay separaciones entre rocas que alcanzan los 8 a 10 milímetros por año, pero de repente se produce un debilitamiento y su caída es instantánea.

Otro ejemplo es el ahu Ko Te Niu. “Está al borde de un acantilado, se ha ido socavando en las últimas décadas y parte de él ya se fue”.

Menciona también el caso del ahu Riki Riki, en la ladera de un escarpado acantilado del volcán Rano Kau. “Tenía un moái chico, pero hace tiempo que no se le ha visto. Nadie ha podido bajar para ver si todavía está en el fondo, porque es un acantilado profundo”. Lo más probable que se pulverizara con la caída.

Como arqueólogo, parte de su labor ha sido hacer informes a la Unesco -la isla es Patrimonio de la Humanidad desde 1995- del daño que se ha ido causando a muchos de estos monumentos. “En base a ellos se han realizado trabajos para aminorar el efecto de la erosión marina”.

Es así como se han construido en algunas zonas estructuras de piedra para proteger el borde costero de la erosión marina. Pero todavía no son suficientes. “Tenemos que hacer un trabajo de reforzamiento de partes de la costa, en especial, los más cercanos a los monumentos”.

Admite que están atrasados. “Los profesionales involucrados estamos viendo que no hay que esperar más, sino que hay que actuar porque la naturaleza no hace pausa. Cuando se debilita la estructura, el paso siguiente es el derrumbe, y eso ocurre en un lapso muy corto de tiempo”.

Fuente: El Mercurio.
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