El escenario preocupa, a la luz del cambio climático que promete el aumento de temperaturas y la reducción de precipitaciones en esa área del país.

Los bosques sanos son una importante fuente de captura del dióxido de carbono o CO {-2} , principal gas de efecto invernadero detrás del calentamiento global. Pero también pueden transformarse en emisores si su estado de salud decae. Es la advertencia de un estudio del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) que recién fue publicado por la revista especializada Ecosphere.

La investigación revela que el balance de carbono en el bosque templado del sur de Chile es muy sensible a las fluctuaciones del clima.

Para el estudio, que se inició en 2013, se emplearon dos torres con instrumentos que miden flujos de carbono en la estación biológica Senda Darwin, en Chiloé. Una se instaló en el bosque y la segunda en las turberas, que son humedales conformados por materia vegetal semi descompuesta, característicos de la zona costera.

“Los bosques son el ecosistema terrestre que almacena más carbono después de los océanos. Está en los árboles, en el suelo, en muchos lugares. Por lo tanto, lo que le pase no es trivial, explica el ecólogo Juan Armesto, investigador del IEB, la U. Católica y el Cary Institute of Ecosystem Studies.

“Con los bosques que tenemos solo podemos sostener el almacenamiento de carbono en la medida que mantengan su capacidad de fotosintetizar el carbono y que los procesos que liberan ese gas a la atmósfera, la transpiración y la descomposición, no crezcan demasiado”, explica Armesto.

La investigación reveló que hoy este bosque se encuentra en un equilibrio relativamente frágil, en que la pérdida y la captura de carbono son prácticamente equivalentes.

Incluso, observaron que en el invierno el bosque estaría captando más carbono que los del hemisferio norte. “En estos bosques del sur de Chile siempreverdes, las temperaturas nunca son muy frías y hay suficiente luz solar para que sigan fotosintetizando incluso en pleno invierno”. En cambio, una buena parte de los bosques boreales pierde sus hojas en la misma temporada, mientras que los que las mantienen son coníferas que viven bajo un régimen climático de mucho frío, por lo que no realizan casi ninguna actividad. “Están como durmiendo”, ejemplifica el ecólogo.

Pero esta relativa ventaja observada en los bosques australes amenaza con ser neutralizada en el verano por el cambio climático. Esto, porque se prevén mayores temperaturas y menos precipitaciones. “Si hay sequía eso significa que los árboles pueden estar perdiendo más carbono que el que ganan”, dice Armesto.

Alta humedad

Las hojas del bosque capturan carbono a través de los estomas. Y a través de la fotosíntesis, se transforman en carbohidratos. Pero al mismo tiempo que los estomas están abiertos para captar carbono, sale agua de las hojas. Eso se conoce como evaporación, que es como la transpiración de la hoja. Esta es más grande en los meses cálidos y secos. El clima húmedo es la mejor condición porque cuando los estomas pierden demasiada agua y no es compensada por las lluvias, la fotosíntesis disminuye.

“Estos bosques están acostumbrados a mucha lluvia, a precipitaciones que llegan hasta los 2.100 milímetros por año, son una condición de alta humedad”, explica el biólogo Jorge Pérez, investigador del IEB y de la U. de Chile. “Cuando viene la sequía, la disminución de la humedad en el suelo los afecta más que a otras especies que están adaptadas a esa variabilidad”.

Según explica Pérez, los sistemas húmedos del sur están menos acostumbrados a la sequía que los áridos de más al norte. Las plantas están acostumbradas a una condición más estable.

“Uno puede decir que mil o dos mil milímetros de lluvia es un montón, pero a eso es lo que está adaptada la vegetación. Si las precipitaciones bajan de mil a 500 milímetros, sería mucho más grave que bajen de 100 a 50 en la zona norte, porque allí las plantas presentan una adaptación natural a las condiciones de extrema aridez”.

La mayor temperatura también aumenta la descomposición de la materia muerta presente en el suelo y eso implica una mayor emisión de carbono.

Fuente: El Mercurio.

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